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domingo, enero 31, 2010

bueno, también Máncora


Piura tiene lindas playas. Sí, yo siempre hablo de Colán, pero no es la única. También está Máncora.

Sus aguas son casi tan calientes como las de Cólan, pero un tanto más encrispadas, a gusto de tablistas y demás especies aventureras. Sus paisajes y atardeceres son también muy lindos, aunque valga aclarar que es, a mi modo de ver, un lugar más que todo turístico. Los hoteles son de primera, con ambientes cómodos y rica comida, variedad de servicios playeros para los visitantes, pero un tanto más estándares que la añorada Colán, que es ante todo una playa privada, familiar, hogareña.

Creo que Máncora no tiene nada que envidiar a cualquier destino turístico de las costas centroamericanas porque ofrece un buen producto, de calidad. Es acogedora, agradable, entretenida... pero, eso sí, lo admito, yo siempre preferiré una tarde calmada de mi Colán.

jueves, julio 31, 2008

Sentirte...

Mis oídos se llenaron con tus susurros… y listo. Tan solo reencontrarte es suficiente para olvidarse del estrés de la agitada, bulliciosa y (hoy más que nunca) congestionada Lima. Fue un encuentro breve, típico de fiestas patrias, pero pleno. Aún cuando no había llegado a tocarte, tan solo sentir tu ir y venir cadencioso me bastó para relajarme y dejarme convencer de tus encantos, los cuales comprobé una ves más cuando mis pies se humedecieron en ti.

Te encontré un tanto más frío y calmado que de costumbre, pero como siempre esquivo, lejano, recurrente y seductor. Coqueto jugaste con nosotros, nos entusiasmaste y luego nos colmaste de esa paz que solo tú sabes dar.

Tres días saben a poco, pero también a mucho, porque tu, mi querido mar colaneño, eres capaz de sacarnos de nuestro acelerado ajetreo para devolvernos un poco de paz.

lunes, febrero 11, 2008

Que porqué te quiero...


Inclemente o Adorable, según se te vea. Uno es capaz de viajar 12 horas - las doce horas en avión de la rox o las doce horas en bus desde Lima – con tal de sentirlas tan solo unos instantes. Sumergirse en ellas es casi una de las razones por las que vale la pena vivir. Suaves, aún cuando estén agitadas, sus olas nos envuelven y atrapan hasta dejarnos sin aliento y sin libertad para huir. Los que no te conocen y no te han gozado desde que nacieron afirman, con poco acierto, que todas son iguales, que no hay playa especial. Y quizás sí, en apariencia, todas las playas tengan arena y agua salada, pero no hay ninguna igual a ti. Con ese toquesito de sal que hiere los labios, una agitación que no llega a ser suficiente para un surfista hawaiano y unos cambios de ánimo casi constantes, el agua colaneña es y será siempre la adoración de los piuranos.

No eres tan famosa como la pintona de Máncora (Tumbes), ni tan llena de turistas como Copa Cabana (Brasil). Tampoco eres tan de ensueño como en Uruguay ni tienes supermercados y teatros a la vuelta como Asia (Lima). Tampoco estás libre de las desigualdades típicas del Perú (ver enero en el blog de Rafo Leon en Caretas) pero eres amorosa, dedicada, clemente y acomedida. Eres tú Colán, nuestra favorita.

¿Será que cuando se vive en un desierto como el piurano tendemos a ensalzar al agua aún cuando está salada? ¿Será el calor piurano el que nos lleva a encontrar una reconfortante paz con tus tibias caricias? ¿Será el exceso de sol el culpable de gozar tanto cuando finalmente se va y nos deja un cielo anaranjado que combina perfecto con tu ocasional verde esmeralda? ¿Será que tú estas siempre allí y no caes irrespetuosa desde lo alto para destruir todo a tu paso como sí lo hacen esos huaycos tremendos que anualmente nos dejan los ríos y hoy tienen a medio Perú de duelo? ¿Será el amor verdadero tan grande como el que te tenemos?