
Me encanta noviembre. Aún a pesar de las carreras por aquí y por allá. Empieza con un no, pero está lleno de muchos sí. Para empezar, está saliendo el sol. Con eso bastaría para dibujar más de una sonrisa, pero si lo unimos al hecho de que se viene la Navidad y ya hay rojo y verde por todos lados…
Lamento mucho que haya gente a la que no le guste el bullicioso ajetreo navideño. Lo mejor de todo es que las campañas solidarias ya empezaron. El que menos ya arrancó la recolección de regalos para los niños pobres de Cañete o la venta de adornitos pro-fondos la Navidad en Villa María del Triunfo. Los comerciales por televisión en donde se comparte panetón con el que no tiene nada, la decoración con árboles y listones en cuanta tienda entras y la ilusión de los niños ante los villancicos…
Noviembre es el mes de la espera, del ya mismo llega, del último esfuerzo escolar, del por fin cerraremos balance, del no falta nada para Navidad. Este año se opacó un poco con las elecciones municipales, las cuales nos cogieron cansados luego de la estresante batalla presidencial, pero al fin ya acabó todo y ya casi todo mundo tiene nuevo alcalde. El saldo lamentable es algunos incidentes violentos aislados, pero al menos la gente optó por el equilibrio, por los candidatos independientes y nada de totalitarismos.
Noviembre es un no ha terminado el año, aún hay tiempo para el último esfuerzo, si queremos todavía podemos llegar a la meta. Es momento de plantearse objetivos para el próximo año, de contagiarse del espíritu navideño, de hacer algo por los niños pobres, de tener detalles con los amigos, de empezar a jugar al amigo secreto… es momento de no dejar que sea diciembre el mes del estrés, del querer acabar todo como sea, de comprar cientos de regalos en un día solo por cumplir, de olvidarse del niño Manuelito y atormentar a todo el mundo con tanto tocar el claxon.