
Acá en este otoño primaveral o mejor dicho en esta primavera que más parece otoño por la cantidad de hojas caídas y árboles sin flores andamos revueltos, con algo de sol, pero también mucho viento y algunas miradas tristes.
Pasada la maravillosa ocasión de tener a Drexler recitando poesía con su guitarra, la primavera no ha llegado a las pupilas de los transeúntes con los que me he cruzado. No conozco la vida y milagros de cuanta gente me cruzo, sin embargo estoy segura que el retraso floral ha venido acompañado de un retraso romántico y de uno que otro adiós.
A vísperas de ver como la generosidad de algunos ídolos españolitos (Alejandro y David, ¡Bienvenidos sean!!!) es verdad y no ficción, y de alegrarnos por contemplar un gesto noble de tan guapetones muchachos, son sus cantos los que alegran a más de una soñadora.
Y es que esos ojitos bonitos, que derrochan cariño y se derriten en la contemplación, andan un tanto escasos. Estoy segura que los lectores, en alguna ocasión de su vida, han visto esa mirada que te llena y te pasma, te aloca y desarma. Esos ojitos que aún cuando fuera la primera vez que los ves te pueden dejar un hondo mensaje grabado en el corazón que no se borra ni aunque pasen un par de meses. Esos son los ojitos que en esta época se suelen ver por aquí y por allá, pero que ahora no andan mucho por acá. La cuestión es ¿Llegarán antes de diciembre?