
Salgo de una reunión de aquellas que queman las entrañas. El tema era otro, algo totalmente periodístico, pero por alguna extraña razón un duende llevo las discusiones a un tópico por demás álgido, encrespado y polémico. Resulta que uno de los presentes empezó a argumentar que la felicidad es relativa y que una persona puede, con 10 miligramos de cocaína, ser feliz. Decía el interesado que si alguien opina que drogarse es el camino para la felicidad, entonces esa es su felicidad y no hay más vueltas que darle porque así es feliz. Surgió entonces otra voz que opinaba, altamente convencido, que la felicidad es relativa y cada quien es feliz a su manera: drogándose, viviendo la vida loca o encerrado en una pila de libros. ¡Ha! Y quien osaba decir lo contrario era tildado de no tener flexibilidad mental, vivir en una burbuja de cristal y estar atado a sus paradigmas.
¿Qué se necesita para ser feliz? ¿Quién puede decirle a cada cual cómo ser feliz? ¿Lo que hace felices a unos hará también felices a los otros? ¿Puede un drogadicto ser feliz? ¿Es un suicida un hombre que soluciona sus problemas y muriendo encuentra la felicidad? ¿La felicidad se alcanza con el amor? ¿Es el hombre un ser en búsqueda de aceptación? ¿Se puede ser feliz solo satisfaciendo los instintos? ¿Es el egoísta que roba miles de dólares y manda a la quiebra a cientos de personas feliz? ¿Qué es la felicidad?
Al final, tras varias discusiones, el pleno reunido llegó a la conclusión (unánime) de que la felicidad no es relativa, porque la felicidad implica el equilibrio y el desarrollo de cada ser humano, sino que lo relativo es la forma en que cada quien cree encontrar la felicidad. De acuerdo a los parámetros formados y generados a lo largo de su vida, cada ser humano conjuga una serie de fichas a su manera para lograr ese anhelada felicidad y probablemente lo haga en forma diferente a su vecino (y hasta rajará de él y sus costumbres), pero tendrán finalmente una meta similar muy íntimamente ligada a su esencia como persona.
¡HA! ¿Estamos escribiendo diarios y revistas o filosofando sobre el mundo? ¿Son los escándalos que vemos en los diarios – léase petrocoimas y urracos encarcelados – los que nos llevaron a tan profundas cavilaciones? ¿Somos los peruanos super relativistas y por eso nos llueven los líos de corrupción en cada gobierno? ¿Vivimos en una selva llena de lobos en donde gana el que muerde más duro? ¿Hemos desterrado al amor como secreto para alcanzar una vida feliz en nuestras tierras? ¿Se puede ser feliz en el Perú? … las preguntas fluyen y son bienvenidas, en este blog, sus respuestas.